azúcar amargo

Abogar por un consumo responsable de edulcorante es complicado cuando la mayoría de personas no pueden ni elegir si quieren azúcar en el plato

 

 

El tabaco mata. Lo tenemos claro después de años de informes y evidencias científicas que así lo demuestran. No obstante, cuando en el siglo pasado surgieron las primeras investigaciones críticas, muchos las pusieron en duda. Se consideraba incluso que fumar podía ser bueno para la salud . Cuestionar las verdades consolidadas en el imaginario colectivo no es fácil, especialmente cuando tienen detrás un potente lobby empresarial. Ahora, con el azúcar pasa algo parecido.

 

La OMS publicó hace un año sus recomendaciones para un consumo responsable de azúcar , aquel que los fabricantes añaden a los productos alimenticios o el azúcar refinado que ponemos a la comida. La advertencia era demoledora. Lo ideal, según la OMS , consistiría en consumir menos del 5% de las calorías diarias ingeridas, es decir 25 gramos (seis cucharitas). En España, se consumen 80 gramos al día (19 cucharillas), cifra que supera la media europea.

 
¿Qué consecuencias tiene esta ingesta tan elevada de azúcar en nuestra salud? El sobrepeso y la obesidad son sus efectos más directos, con las consiguientes enfermedades asociadas como la diabetes, las cardiopatías isquémicas, los trastornos del aparato locomotor y algunos cánceres. En Cataluña, los datos son claros: uno de cada dos adultos padece sobrepeso, según la Encuesta de Salud de Cataluña de 2015. Las familias con rentas más bajas, y sus criaturas, son las que comen peor.

 

LO QUE LA COMIDA ESCONDE

No somos conscientes del azúcar que ingerimos, ya que muchas veces este se encuentra escondido en productos que no consideramos que sean dulces. ¿Sabemos que una pizza congelada puede llegar a contener cuatro terrones de azúcar y medio, un yogur desnatado más de seis o una salsa de tomate casi 12? Lo destapa el proyecto fotográfico Sinazucar.org, que retrata alimentos de consumo cotidiano junto con el número de terrones de azúcar que llevan. Sus imágenes nos dejan sin palabras.

 

La OMS a finales del año pasado fue incluso más allá y pidió aumentar el 20% los impuestos a las bebidas azucaradas para desincentivar su consumo. En México, Francia, Finlandia y Bélgica ya hace tiempo que se aplica alguna medida. Aquí, el Ministerio de Hacienda anunció un nuevo impuesto sobre los refrescos para el 2017, aunque sin especificar ni el alcance ni el gravamen. La industria azucarera ya ha pasado a la acción, y después de una reunión, en febrero, con el Ministerio de Agricultura asegura estar convencida de que este impuesto no prosperará.

 

Hace poco, Juan Carlos Ortega, en un artículo en este diario, pedía «azúcar por compasión». La realidad es que algunos pueden elegir si quieren azúcar en el plato, la mayoría no. VSF Justicia Alimentaria Global con su campaña Dame Veneno lo deja claro: «La alimentación insana no es un problema individual. Es una pandemia las principales causas son sistémicas y estructurales ». Tomar conciencia de esto es el primer paso para cambiarlo. Con el azúcar no se juega.

 

ESTHER VIVAS – Periodista

Autorizado  para Safor Press

Safor Press

Periódico Digital plural, libre. Defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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