ROMPIENDO VIEJOS HÁBITOS – Por Katia Bañuls

Empieza el nuevo curso para los niños y niñas, y con ello, el ritmo de vida desenfrenado y caótico de esos padres que, haciéndolo lo mejor posible, nunca saben cómo acertar.

 

 

Cuando trabajas con los más pequeños, te das cuenta de lo fácil que resulta que te obedezcan o escuchen con unas pautas muy específicas, breves pero directas, y te preguntas porqué los padres no consiguen llegar a sus hijos, y entonces, con un simple vistazo, ves que no les dedican ni la atención ni el tiempo que se merecen.

 

La primera vez que un niño me dijo en una charla que sus padres miraban la televisión atentamente, ignorando sus problemas y generando en él un grado de ansiedad que debería ser inexistente en esas edades, pensé que exageraba, y luego, fue la tónica que me contaban la mayoría de niños de una cierta edad, con unos padres que, agotados de la larga jornada laboral, ignoran su papel y buscan el modo de distraerlos para evitar que sus desagradables ruidos les perforen los oídos.

 

No me parece justo culpar a los pequeños de que los mayores no sepamos ni pongamos interés en hacer mejor las cosas.

 

Una persona aprende sus hábitos y buenas formas desde la más tierna infancia, pero si nadie nos dice que hacemos mal, crecemos sin asumir los errores y nos formamos como personas narcisistas, irritables y dependientes en las relaciones.

 

Me gustaría pensar que la cosa cambiará, que cada día se hará un esfuerzo mayor en los hogares por dedicar el tiempo que merecen los pequeños, pero lamentándolo mucho, creo que vamos hacia el camino opuesto, y ello, veremos en que deriva.

 

Ahora mismo, con un trabajo de nutrición y ocio activo entre mis manos, me doy cuenta, y quiero, con mis palabras, avisar a esos padres desesperados por hacerlo bien, de la importancia de pasar tiempo en familia, hablar, comunicarse con sinceridad.

 

Una persona que tiene débil ese punto en su vida, difícilmente va a relacionarse en buenos términos con los demás, siempre va a buscar personas que logren pasar por alto esa necesidad, compensarla, y si esa persona que lo consigue desaparece de tu vida, el vacío es tal, que tienes que recomponerte durante años de la ruptura emocional que supone.

 

Veo a los adolescentes, adictos a las nuevas tecnologías, pero, en el fondo, deseosos de tener conversaciones inteligentes con sus padres, con los que no saben muy bien cómo hablar, y es que, vivimos en sociedad, pero parece que estamos hechos para vivir en una burbuja, y ello, sin duda, no nos traerá nada bueno.

 

Mi consejo a los padres/madres es que, es una cuestión de estar, nadie va a decir si lo hacemos mejor o peor, somos seres humanos, y se nos está por ello permitido cometer errores, pero el mayor de todos es no pasar tiempo de calidad con los niños, no darles una buena base para su vida futura.

 

Se evitarían muchos problemas con el simple hecho de preguntarles cómo les ha ido en el colegio a la hora de la comida, o con pasar algunas horas del fin de semana a su lado, pero no nos tomamos ni siquiera esa pequeña molestia, y estamos creando seres antisociales, y luego, nos preguntamos por qué.

 

Si pudiéramos volver atrás todos y cada uno de nosotros haríamos algunas cosas de otra manera, y mi consejo, espero que sabio, es que intentemos darle la importancia que se merece a la comunicación con los niños, para que se conviertan en personas de bien el día de mañana.

 

¡Y si no lo consiguen, que no sea porque no lo intentamos!

 

  Katia Bañuls – Psicóloga

Safor Press

Periódico Digital plural, libre y defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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