Verano, peligro para la pareja, por Katia Bañuls

Una amiga me preguntaba el otro día porqué el verano es una época tan proclive para las separaciones, para los divorcios.
La pareja es, sin duda, un mundo complejo y abstracto, pero qué duda cabe que el solsticio de verano desemboca en peleas absurdas, rupturas inesperadas y saca lo peor de nosotros en ese aspecto, como si con el calor se nos frieran las hormonas que regulan los sentimientos amorosos.

 

 

El pasar de repente tanto tiempo en pareja, cuando en invierno estamos acostumbrados a los ritmos acelerados de los respectivos trabajos, y cuando llegas a casa, la compañía y tener un compañero de vida que te escuche y alivie la ansiedad es un regalo, en verano todo te parece mal de la misma persona.

 

Aquellas cosas que con el frío me producen ternura, como que mi pareja me pase el brazo por encima cuando vemos una película, o como que se levante antes que yo a ponerme el radiador en el baño para que me duche a gusto, en verano se convierten en reclamos porque hace mucha calor si hay algún tipo de contacto, y en molestias si me despiertan antes de la hora a la que tenía una previsto levantarse, que me fastidia las vacaciones.

 

El calor y el pasar tantas horas juntos debilita a aquellas parejas, eso sí, que ya estaban cogidas con alfileres, porque una pareja fuerte no se resquebraja por una ola de calor, aunque tener que pasar tiempo con los amigos del otro nos apetezca poco o nada, o aunque haya un cierto desorden, propiciado por el estado de pereza general que supone estar de vacaciones, todo sea dicho.

 

Solemos estar más quejicas, como si se activará un mecanismo propicio a la discusión y a la brega, en lugar de valorar que es un tiempo que podemos pasar con el hombre o la mujer de nuestra vida, lo que es una verdadera pena.
Si aprovecháramos la energía que gastamos en discutir en buscar planes para no aburrirnos, sitios que descubrir, que no son pocos los lugares que nos perdemos que valen la pena visitar, y más en un país como el nuestro, lleno de recónditos pueblos llenos de magia y de playas salvajes que son un auténtico paraíso… pero pasan los días y solamente hay quejas, discusiones sin sentido y mal humor entre la gente, que lástima.

 

Y cuando te das cuenta, el verano ha acabado, y con él, tantas y tantas posibilidades, pero no las hemos sabido aprovechar, somos especialistas en no hacerlo, y luego viene el invierno y a quejarse de lo rápido que han pasado los meses estivales, y así año tras año.

 

En lugar de tirar en cara cosas a nuestra pareja, aprendamos a convivir con ella, con sus defectos y virtudes, disfrutando del momento y del lugar en que tengamos el privilegio de estar, por gusto o por obligación, aprendamos a comunicarnos, que cada día lo hacemos peor, y que el tiempo en pareja sea un regalo, una bendición, y no una tortura, que ya bastantes cosas malas vamos a vivir para lastimar a la persona que amamos o romper una pareja bonita por dos días tontos al año.

 

La persona que sabe luchar por mantener su amor, superará todas las dificultades, así que…
¿Y si lo intentamos?

Katia Bañuls es Lic. en Psicología – catiasofiabb@gmail.com

Safor Press

Periódico Digital plural, libre y defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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