En carretera: próximo destino, la felicidad. Por Katia Bañuls

Hay mucha gente que presume de sentir la felicidad en sus carnes, de tener una vida perfecta y de haber encontrado la clave del éxito delante de la gente, pero luego, cuando el telón cae y las ventanas hacia el mundo exterior se cierran queda poco rastro de semejante utopía.

 

 

Entonces queda la soledad, el recuerdo imborrable de épocas mejores, en que todo iba bien de verdad, pero no se valoraba la tranquilidad, ni dicho de paso, la felicidad entonces completa, pero que no apreciamos en el momento correspondiente.

 

Hace no demasiado tiempo estuve en una de esas grandes ciudades que deja ver todo su esplendor para los turistas, que se quedan boquiabiertos con sus monumentos y sus formas de vida, pero me sorprendió un detalle significativo al que quiero aludir, que fue suficiente para reflexionar y desear plasmarlo en estas líneas.

 

Pasé por uno de esos barrios residenciales que tan acostumbrados estamos a ver y envidiar en las películas, y me di cuenta de que la gente no sabe apreciar lo que tiene: vivir en un lugar en que los niños puedan jugar sin ningún peligro en la calle, en que hay pistas para juegos por todos lados, un precioso bosque de fondo, que hace que parezca que estés formando parte de un rodaje y unas casas de ensueño, y ni una sola carcajada, ni un solo vecino paseando a su perro y disfrutando de semejante lugar.

 

Siempre deseamos lo que no tenemos, el que sueña con vivir en un lugar así, si llega a conseguirlo se pasa el tiempo trabajando para poder permitirse el capricho, pero no lo aprovecha, no le saca partido.

 

El que tiene tiempo libre se carga de obligaciones, el que tiene hijos pequeños pone excusas para dejar de hacer cosas, cuando hacerlas con niños es siempre más divertido, el que tiene un buen trabajo desea seguir encontrando cosas que hacer con su vida, y así todo el mundo siempre envidia lo que tiene el vecino, en lugar de disfrutar de lo propio.

 

 

La envidia es, sin duda, una de las grandes características, y no precisamente buena, del ser humano, y si nos paráramos más a vivir nuestra vida, con sus limitaciones, pero también con sus cosas bonitas, con los regalos que te brinda de vez en cuando y con la sabiduría de que es limitada y debe vivirse intensamente, no tendríamos tiempo de cosechar tal veneno, y nadie se iría para el otro barrio pensando que las cosas hubieran podido ser mejor.

 

Vive el momento, ríe como los niños, disfruta de las conversaciones con los buenos amigos que te vayas encontrando en el camino, ama como si se acabara el mundo y aprovecha lo que tienes, lo que la vida te brinda para compartir con aquellas personas que pusieron felicidad en tu existencia, que esas son las que marcan la diferencia.

 

Ese es mi listado de consejos para la felicidad, ojalá te sirvan y decidas aplicarlos, que funcionar, te aseguro que funcionan.

 

¡Búscala, que allí estará, al otro lado del camino!

 

Katia Bañuls es Psicologa

Safor Press

Periódico Digital plural, libre y defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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