¡Verano desatado! por Katia Bañuls

El verano, esa época del año maravillosa porque tenemos más días de vacaciones, disfrutamos en familia, hacemos viajes por lugares hermosos y tenemos un mayor número de horas activas, al tener el sol más tiempo de nuestro lado.
Eso está muy bien, pero no podemos olvidar que con el calor viene un conjunto alarmante de situaciones que son preocupantes para perfiles profesionales como el mío.

 

 

La juventud es una etapa de la vida maravillosa, pero me echo las manos a la cabeza cuando escucho ciertas cosas con total naturalidad, como si estuviéramos hablando del tiempo que va a hacer durante la semana, por su gravedad y por la gran indiferencia que muestran algunos padres/algunas madres al respecto.

 

El consumo de ciertas sustancias, por ponerlo en palabras para que me entienda bien, se dispara, es muy difícil, por no decir imposible, ver a la gente joven bebiendo todo tipo de bebidas alcohólicas, fumando tabaco y lo que no es tabaco, hablando de haber mantenido relaciones de forma poco o nada segura, con los riesgos que conlleva, o practicando conductas nada cívicas con la gente de los alrededores de donde trasnochan y realizan todo este cúmulo de acciones inapropiadas.

 

Hay numerosas quejas que no son escuchadas al respecto, pero mi gran preocupación viene por parte de la falta de educación recibida hacia estas cosas que menciono, y si en invierno padres y madres hacen un amago de hacer bien su labor, en verano es como que las funciones se desvirtúan y todo vale en los retoños.

 

La cuestión es no molestar demasiado en casa, aunque ello implique que salgan hasta horas muy elevadas y lleven a cabo todo tipo de locuras, con los riesgos que implican.

 

Tenemos al alcance de nuestra mano el número tan elevado de accidentes que se producen en el verano, y se ve claramente que muchos de ellos se podrían haber evitado, pues han sido por falta de cabeza y por no haber ido los conductores en las mejores condiciones precisamente para coger el vehículo en cuestión.

 

Se tienen que lamentar un montón de muertes todos los veranos, y eso sin contar con el incremento de ingresos en los centros hospitalarios y centros de salud, por haber consumido ciertas sustancias y pasarte factura la broma.
Tenemos unas playas maravillosas, tres meses con un clima estupendo y una gran cantidad de actividades al aire libre para que nuestros jóvenes lo disfruten y se lleven un gran recuerdo para todo la vida cuando acabe el verano, y en cambio dejamos que tengan accidentes, ingresos en hospitales pasados de copas y de lo que no son copas, y malos recuerdos si el amigo/la amiga de turno te dio la noche con el alcohol.

 

Tres meses pueden dejar una gran cantidad de inolvidables recuerdos, no permitan que dejen cosas que lamentar.

Katia Bañuls es Lic. en Psicología- Escribe para Safor Press

mail: katiasofiabb@gmail.com

Safor Press

Periódico Digital plural, libre y defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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