Una joven estadounidense es violada y apaleada junto a la estación de autobuses de Aluche, en Madrid

Lo que iba a ser una noche de fiesta en Madrid se convirtió en una pesadilla para Andrea. Tras coger el autobús equivocado, un hombre la violó y apaleó de forma violenta aprovechando que no había nadie en la zona. Tras fingir estar muerta, la joven consiguió escapar con vida y pudo ser trasladada a un hospital. La Policía ya ha detenido al agresor, que está en prisión a la espera de que se celebre el juicio.

 

 

Una estudiante de Estados Unidos de 27 años que vive en Madrid fue agredida y violada por un hombre hace dos fines de semana junto a la estación de autobuses de Aluche cuando regresaba ebria a su casa.

 

Andrea Sicignano, que se mudó a la capital de España este verano con la motivación de vivir una nueva experiencia, había quedado con una amiga para salir de fiesta. Sin embargo, tras salir del último bar, ambas se separaron y la joven cogió un autobús para volver a su casa.

 

Pero un error la llevó a montarse en el autobús equivocado y tras numerosas paradas llegó al final de la línea. Al bajarse del autobús la joven se encontraba en una zona que no conocía y sin posibilidad de regresar a su casa en transporte público porque ya estaba cerrado.

 

Fue entonces cuando se sentó en la parada de autobús para tratar de pensar en una solución. En ese momento un hombre se acercó a ofrecerle ayuda diciéndole que le ayudaría a volver a casa. Ella aceptó, según cuenta en un duro relato que ha compartido en sus redes sociales.

Sin embargo, cuando se percató de que las intenciones del hombre no eran buenas, trató de marcharse. Pero en ese momento el hombre comenzó a ponerse violento. “Cuando traté de pelear empezó a pegarme. Estaba gritando y luchando con todas mis fuerzas y cuando traté de coger mi teléfono me gritó ‘tengo tu teléfono, no puedes llamar a nadie'”, relata la joven, que cuenta que el hombre le pegó en la cara una y otra vez: “Casi no podía ver por toda la sangre que tenía en los ojos”.

“Estaba segura de que me iba a matar. Cerraba mis ojos con la esperanza de que parara de pegarme y fingí estar muerta. Recé para que cuando abriese mis ojos se hubiera marchado. No sé cuánto tiempo pasó hasta que abrí los ojos, pero cuando lo hice, había desaparecido”, explica la joven norteamericana en su perfil de Facebook, que añade que también fue violada.

 

Cuando se despertó, a pesar de la sangre y la oscuridad, logró ponerse de nuevo la ropa y corrió por la calle hasta que un hombre le ayudó. Llamó a la ambulancia y la joven fue trasladada al hospital, donde los médicos le hicieron varios exámenes.

 

El agresor fue identificado y fue trasladado a prisión a falta de que se celebre el juicio. Una vez que su agresor estaba entre rejas, Andrea pudo ver un vídeo de la cámara de seguridad del autobús que había cogido. En esas imágenes pudo ver al agresor mirándola fijamente. “Me estuvo mirando todo el viaje”, relata la joven, convencida de que la agresión podría haberle costado la vida:”La única emoción que he sentido esta semana es alivio de estar viva”.

 

Tras lo sucedido, Andrea ha abierto una página web para recaudar dinero para otras víctimas de violación y agresiones sexuales con la que en solo dos días ha recaudado más de 4.000 dólares.

 

En su relato la joven hace un alegato feminista y explica que las mujeres no pueden evitar que sucedan estas cosas: “Esto depende de los hombres, que necesitan entender lo que de verdad significa respetar a las mujeres. Las mujeres no somos objetos, no estamos aquí para ser usadas. No podemos vivir nuestras vidas con miedo, no podemos dejar que el mal gane”, dice Andrea, que asegura que no dejará que esto rompa su espíritu o que le prive de su independencia como mujer.

 

Aquí puedes leer el texto completo de Andrea traducido al español:

“Esto va a ser muy duro de leer para quienes me conocen, pero necesito que lo escuchéis de mi propia voz.

 

He vivido en Madrid los últimos seis meses y un amigo me visitó la pasada semana. Salimos por la noche para ver un espectáculo de flamenco. Estábamos bebidos y cuando nos fuimos del último bar, nos separamos. Intentando volver a casa me subí a un autobús equivocado que me llevó al final de la línea en una zona poco familiar para mí.

 

Fui la última en bajar del autobús; el resto de pasajeros había abandonado la parada. Me senté en el banco de la para de autobús para pensar en mi próximo movimiento. Un hombre que también había estado en el autobús se sentó a mi lado y me ofreció ayuda.

 

Estaba perdida a las cuatro de la mañana y todo el transporte público estaba cerrado. Necesitaba ayuda y este hombre me aseguró que podía ayudarme a llegar a casa.

 

No sé exactamente qué pasó después pero tan pronto como me di cuenta de que podría estar en peligro traté de marcharme. Pero entonces este hombre se volvió violento.

 

Cuando traté de pelear, empezó a pegarme. Estaba gritando y luchando con todas mis fuerzas. Desesperadamente traté de alcanzar mi teléfono pero entonces me gritó en español: “Tengo tu teléfono, no puedes llamar a nadie”.

 

Me pegó en la cara una y otra vez hasta que no pude pelear más. No podía gritar más. Casi no podía ver por toda la sangre que tenía en los ojos.

 

Estaba segura de que me iba a matar. Cerraba mis ojos con la esperanza de que parara de pegarme y fingí estar muerta. Recé para que cuando abriese mis ojos se hubiera marchado. No sé cuánto tiempo pasó hasta que abrí los ojos, pero cuando lo hice, había desaparecido.

 

Me violó.

Cegada por la sangre y la oscuridad me senté y comencé a coger mis cosas. Mis ‘leggins’ estaban enredados en mis zapatos, lo que me impedía ponérmelos de nuevo. Los arranqué y fui capaz de subirmelos. Entonces corrí.

 

Corrí descalza por la calle gritando a todo pulmón pidiendo ayuda. Pasaron cuatro coches a mi lado y finalmente uno se detuvo. Corrí hacia el coche gritando mientras la sangre cubría mi cara, mi pelo y mi chaqueta.

 

Un extraño -a quien nunca tendré la oportunidad de darle las gracias- llamó a la ambulancia y trató de calmarme mientras esperábamos a que llegaran.

 

Fui trasladada al hospital. Sola. Aterrorizada. Incapaz de contactar con nadie durante horas.

 

El personal del hospital se tomó la situación muy seriamente. Inmediatamente me hicieron una resonancia magnética, un análisis de violación y un examen de la vista ya que uno de mis ojos estaba hinchado. Mi nariz se fracturó en cuatro partes. Tenía moretones y arañazos que cubrían mi cuerpo.

 

Estos últimos días han sido un lío de citas médicas, reuniones legales y una investigación policial.

 

La Policía Local de Madrid ha sido de gran ayuda a lo largo de todo este proceso y han hecho de mi caso una prioridad.

 

Me pidieron que regresara a la escena del crimen, donde identifiqué la ubicación exacta del ataque. Allí encontraron algunas de mis cosas y mi sangre en la valla. El equipo forense tomó muestras de todo en busca de ADN.

 

Esta mañana le miré a los ojos y lo reconocí en la rueda de sospechosos de la Policía. Habrá un juicio pero, por ahora, él está entre rejas y se quedará allí hasta que se celebre la vista.

 

Más tarde, al ver el vídeo del viaje en autobús vi al hombre mirándome durante todo el viaje.

 

La única emoción que he sentido esta semana ha sido alivio. Alivio de estar viva.

 

Por favor, a cada mujer que conozco y a cada hombre que tiene una madre, una hermana, hija, esposa o amiga. Por favor, abrázales y asegurate de que sepan que esto es algo muy real.

 

Nunca pensé que algo así podría pasarme a mí. He viajado sola durante años. En todo tipo de países e innumerables ciudades. Soy fuerte, inteligente e independiente pero nada de eso importa cuando estás a merced de un hombre que quiere hacerte daño.

 

No dejaré que esto rompa mi espíritu. Esa noche no me definirá, me niego a dejar que este hombre me prive de mi independencia como mujer. Pero las cosas cambiarán para mí: nunca volveré a beber hasta el punto de bajar la guardia.

 

¿Cómo evitamos que estas cosas sucedan? Nosotras como mujeres no podemos. Esto depende de los hombre, que necesitan entender lo que de verdad significa respetar a las mujeres.

 

Las mujeres no somos objetos, no estamos aquí para ser usadas. No podemos vivir nuestras vidas con miedo, no podemos dejar que el mal gane”.(Fuente: Antena 3)

 

Foto: Andrea sufrió graves heridas en un ojo | Facebook

Safor Press

Periódico Digital plural, libre y defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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