Los niños de Godella (Valencia) fueron asesinados a golpes y enterrados en dos fosas junto a la casa

La madre y el padre están detenidos. Un juzgado de Paterna ha abierto la causa por dos delitos de homicidio y ha decretado el secreto de las investigaciones

 

 

Cuatro largas horas de interrogatorio en el cuartel de la Guardia Civil de Moncada hicieron que María G. se derrumbara y acabara llevando a los investigadores al lugar donde estaban los cuerpos sin vida de Amiel y Rachel, su hijo de tres años y medio y su hija de cinco meses, a los que más de un centenar de efectivos policiales buscaron durante la tarde entre los términos municipales de Rocafort y Godella, dos municipios cercanos a Valencia.

 

Los menores fueron hallados en dos fosas separadas cercanas a la casa que María, de 25 años años, y Gabriel, un belga de 26 que era su pareja y padre de los menores, habían okupado y en la que vivían junto a sus hijos en condiciones insalubres.

 

Los cuerpos de los pequeños presentaban evidentes signos de violencia y, a la espera de conocer el informe forense, la hipotésis de los investigadores es que fueron asesinados a golpes. La madre, -que se mostró reacia a colaborar y habló de que sus hijos «tenían que resucitar»- está detenida tras conducir a los agentes hasta los cuerpos de los menores y el padre, incapaz de articular un relato coherente durante toda la tarde de ayer en los interrogatorios, acaba de ser también detenido. Es probable que mañana pasen a disposición judicial y puedan arrojar luz sobre la muerte de los pequeños. Por el momento, según fuentes oficiales, ninguno de los dos ha confesado ser el autor del doble parricidio.

 

El juzgado de Instrucción número 4 de Paterna ha abierto diligencias por presuntos delitos de homicidio a los progenitores y ha decretado el secreto de las actuaciones.

 

El Ayuntamiento de Godella ha decretado tres días de duelo y ha convocado una concentración de repulsa a mediodía.

 

Según Europa Press, la pareja tenía abierto un expediente de Servicios Sociales por los problemas mentales, que junto al consumo habitual de drogas había provocado una evidente desatención de los menores.

 

La madre de María, junto a otros amigos, les procuraba comida y, poco antes de la desaparición de los menores, recibió un mensaje de su hija avisándola de que iba a «reunirse con el creador», lo que la llevó presentar una denuncia que, junto a la llamada de un vecino, provocó al investigación. Una búsqueda contra reloj que concluyó de la manera más trágica.

 

A las ocho de la mañana de ayer un vecino vio a la mujer abandonar corriendo su vivienda, semidesnuda y ensangrentada. Al parecer, el hombre salió en su persecución blandiendo una pistola, aunque el arma no ha podido ser encontrada.

 

Inicialmente se dio por desaparecida a la mujer junto a los dos niños, pero la Guardia Civil localizó poco después a la joven madre en una zona próxima a la vivienda, oculta en un bidón, «desnuda y con arañazos propios de haber corrido por la zona boscosa, pero sin lesiones graves», explicó ayer el delegado del Gobierno, Juan Carlos Fulgencio. La última vez que se vio a los menores fue en la tarde del miércoles, según confirmó Fulgencio, cuando «una amiga de la familia acudió a llevarles comida».

 

El matrimonio había okupado un chalet en estado de semirruina en el término municipal de Rocafort, en Valencia. La vivienda, señalan fuentes de la investigación, carecía de lo más básico. No tenía nevera y había comida acumulada de hace meses en estado de putrefacción. Además, los miembros de la familia dormían en colchones en el suelo. No constaban denuncias por malos tratos aunque, explican las mismas fuentes, no suele haberlas en el caso de parejas con un perfil socioeconómico bajo, como sucede en este caso.

 

El padre trabajaba como cocinero en un negocio de restauración del que fue despedido a mediados de febrero por discusiones con el dueño y por consumir sustancias estupefacientes. Esa circunstancia le provocó, al parecer, un grave desequilibrio emocional.

 

Fue en esas mismas fechas cuando el hijo de la pareja dejó de asistir al colegio público de Rocafort. El director del centro se interesó por su caso y, cuando contactó con los padres, ellos justificaron su ausencia de las clases alegando que planeaban mudarse a otra localidad. El director insistió en que era obligación de los padres informarle en todo momento del estado del menor y puso el caso en conocimiento de los servicios sociales del Ayuntamiento de Godella.

 

Cuando la Guardia Civil llegó ayer al domicilio de la pareja el padre se hallaba aturdido, al parecer bajo los efectos de las drogas. Al interrogarle por el paradero de los niños dijo que estaban «todos muertos», señaló la piscina de la vivienda, donde había abundantes manchas de sangre. «Mi mujer me pidió que metiera allí a los niños y que le hiciera después el amor», dijo en su declaración. Esos restos de sangre, informó el delegado del Gobierno, «no corresponden a lesiones graves ni mortales, por lo que se descarta que correspondan a un hecho delictivo». De todas maneras, se vació el agua de la piscina sin que hubiera cuerpos en su interior. Los niños estaban enterrados en otro lugar.(Fuente: El Mundo)

Safor Press

Periódico Digital plural, libre y defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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