Manual para crear un polvorín: Moria ya ardía antes del incendio

Hay muchas formas de crear un polvorín. Por ejemplo, encerrar a 13.000 personas en un campo de refugiados con capacidad para 3.500 tras detectarse el primer caso de coronavirus. A partir de entonces, solo caos y humo. Un día después, sigue sin saberse qué va a ocurrir con las miles de personas que lo han perdido todo.

Hay muchas formas de crear un polvorín. Por ejemplo encerrando a 13.000 personas en un campo de refugiados con capacidad para 3.500 al detectarse el primer caso de coronavirus. Personas sujetas a un proceso de asilo del que prácticamente nadie sale victorioso, lo que despierta el miedo de deportaciones masivas.

Un campo, el de Moria, en la isla griega de Lesbos, en el que se vive hacinado, con cortes de agua corriente y electricidad y que no ofrece prácticamente ninguna opción de mantener distanciamiento social. El resultado ha sido un enrome incendio que ha calcinado todo el campo.

El cuarto día después del primer positivo,se empezaron a detectar contagios de tiendas enteras. Se pretendía trasladar 15 personas a unas cabañas que, ante la falta de infraestructuras médicas, servirían como área de aislamiento. Las personas refugiadas que viven en esa zona del campo pronto empezaron a exigir que se llevara a los contagiados fuera del recinto y amenazaron con quemar las cabañas. Querían eliminar cualquier riesgo de que el foco se extendiera y pusiera en peligro sus vidas y las de sus seres queridos.

También han circulado rumores de que, en realidad, no había ningún caso de coronavirus confirmado y de que, simplemente, se estaba utilizando como excusa para transformar Moria en una gran prisión de refugiados. Nadie podía salir del campo. El polvorín estaba ya creado.

 

Primeros mensajes: peleas y gases lacrimógenos
Al día siguiente, casi a la media noche del martes, comienzan a llegar los primeros mensajes desde el interior de campo. Hablan de cargas policiales, de ataques a la zona de aislamiento, de peleas y del sonido de los gases lacrimógenos disparados. A partir de entonces, solo caos y humo.

Es una de las noches más largas que se ha vivido en la isla de Lesbos. Media hora después, comienzan a llegar mensajes con fotografías de Moria ardiendo, en todos los puntos del campo. Se habían incendiado las cabañas de aislamiento, la oficina europea de apoyo al asilo (EASO), la clínica de Médicos Sin Fronteras, a la entrada del campo. «Todos los lados están ardiendo. Norte, sur, este y oeste», decía uno de los mensajes. Pronto comenzaron las llamadas de habitantes del campo a las organizaciones humanitarias y a los activistas pidiendo que se les sacara del recinto.

La policía antidisturbios había cortado todos los caminos para llegar al campo e impedía salir a los refugiados, quienes, en su huida, quedaban atrapados entre las dos barreras policiales, en la carretera principal hacia el este y al oeste. Según explican varios grupos de activistas que dan asistencia a los refugiados, las llamadas llegan cubiertas de miedo, de familias que están bloqueadas entre distintos focos de fuego.

 

Presencia de grupos de extrema derecha
En el camino al campo ya podían verse pequeños grupos de población local patrullando, en coches o motos. Posiblemente, miembros de grupos de extrema derecha que trataban de entender lo que ocurría para ver si tenían alguna oportunidad de actuar, como ya hicieron con descaro el pasado marzo, cuando Turquía dejó de vigilar las rutas y miles de refugiados llegaron a las isla.

Un grupo de unas cien personas caminaba hacia el mar en plena noche, con niños y niñas, gente mayor, carritos, bolsas con lo poco que habían podido salvar de las llamas. Bien guardados sus documentos y objetos de valor. Muy cerca, los autobuses de los antidusturbios bloquean el camino mientras se escuchan las pequeñas detonaciones de las granadas de gas lacrimógeno, a las puertas del campo de refugiados. Pero la cantidad de personas que intentaba salir y el avance de las llamas, que empezaban a devorar los olivares cercanos, obligaron a la Policía a retirarse media hora después y la gente pudo escapar del recinto.

Entre los activistas se recibían mensajes de personas que intentaban huir del fuego por la montaña, en la zona norte de Moria, sin saber hacia dónde se dirigían, solo corrían en la dirección opuesta al viento.

A unos 300 metros del corte de carretera más cercano al campo se apreciaba perfectamente la fila de personas caminando por los campos de olivares, en paralelo a la carretera principal. Se veían en la oscuridad las luces de los teléfonos teléfonos y las voces de la multitud.

Entre ellos, una familia de seis miembros, dos personas ancianas y dos menores. Caminaban en un grupo , junto a unas 50 o 60 personas que avanzaban hacia uno de los pueblos situados en la parte alta de la montaña. Otros grupo de activistas autogestionados con varios coches intentaba acercar a algunos de ellos. Había ancianas, mujeres con niñas atadas a la espalda, pero solo unas cuantas pudieron subir a los vehículos, exhaustas, con hambre y sed.

Bloqueados por la Policía
Mientras, en el área del pueblo de Moria, con fuerte presencia de la extrema derecha, los coches de varios activistas se toparon con un checkpoint de civiles armados con palos que les apuntaba con sus linternas. Cuando lograron dejarlos atrás, el humo que venía del incendio impedía la visión en los alrededores. Pero la fila de personas refugiadas que caminaba hacia la capital, Mitilene, era interminable.

La Policía también bloqueaba en varios puntos esta carretera por el riesgo para la salud que podía implicar la llegada de los habitantes de Moria. A menos de un kilómetro de la entrada a la ciudad, alrededor de 300 personas quedaban atrapadas entre este corte y otros situado a un kilómetro en dirección al campo. Nadie podía avanzar, tampoco los activistas con sus coches. Uno de ellos es detenido por un agente de Policía uniformado en cuyo grupo, la mitad de los hombres lleva ropa de civil. Nadie tiene claro quiénes son.

Por el camino que se aleja del corte de la carretera la gente seguía caminando, intentando avanzar, aunque muchos, ya agotados, comenzaron a acampar en grupos, en cualquier lugar de la carretera. Entre ellos hay un hombre en silla de ruedas que aparece con el grupo de refugiados que había logrado escapar por la montaña, en la zona norte. Otro pequeño grupo de refugiados se repartía agua y galletas hasta que se acababan. Eran las seis de la mañana, no había ningún plan de emergencia puesto en marcha por ninguna autoridad.

A las 15.00 horas de este miércoles, explican diversas organizaciones y activistas, sigue sin saberse qué va a ocurrir. Se ha declarado el estado de emergencia en la isla de Lesbos durante los cuatro próximos meses. Las personas atrapadas entre los cortes de carretera cerca de Mitelene siguen allé, sin haber recibido agua ni comida.

Solo circulan rumores entre refugiados, activistas y ONG. Se habla de que se está trasladando a algunos a un campo cerrado, aunque nadie sabe de qué campo se trata. Se dice que hay previstos traslados de mujeres solas a Tesalónica. Se escucha que los grupos de extrema derecha planean acciones en los próximos días. Hay quien dice que la Policía ha arrestado a 15 personas como causantes de los incendios, aunque no hay ninguna confirmación por el momento.

En el campo de Moria hay un largo historial de arrestos aleatorios después de disturbios e incendios. Detenciones sin ninguna prueba que conducen inmediatamente a la prisión de la isla de Chios, en muchos casos, con periodos de predetención de hasta 12 meses. En el último de estos casos, sin ninguna prueba, se condenó a 14 personas a 12 años de cárcel. Nadie sabe nada. Sólo hay rumores.

Otros refugiados regresan ahora al campo calcinado, no tienen otro lugar al que ir, explican. No hay un espacio físico al que trasladar a 13.000 personas de golpe. No hay autobuses suficientes. No hay ambulancias, médicos, agua, mantas, pañales, comida. Solo hay personas. Personas que ya han sido despojadas de cualquier tipo de derecho, personas que ayer tuvieron que romper los bloqueos de la policía para mantenerse con vida. Personas cuyo destino se desconoce, aunque resisten y caminan y siguen resistiendo y caminando mientras la Unión Europea levanta vallas y muros y llena los mares de agentes de fronteras.

Hace más de seis meses que se denuncia el abandono y la desprotección de las personas que sobreviven en Moria. Hace seis meses que se pide su evacuación urgente y un plan de emergencia. Tras un silencio de medio año y un incendio de una noche, sigue sin haber ningún plan. No es un accidente ni un desastre natural. Cada vez es menos disimulado el plan premeditado de detención, tortura y muerte contra las personas migrantes que también se aplica en el Mediterráneo central y las demás fronteras de Europa.

 

Margarita Elias – Público

Safor Press

Periódico Digital plural, libre. Defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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