El terrible vídeo en el que dos periodistas afganos denuncian una paliza de los talibanes por cubrir una manifestación

Taqi y Nematullah cubrían el miércoles en Kabul una manifestación para su periódico, pero su presencia no gustó a los talibanes, que los detuvieron durante cuatro horas y les dieron una brutal paliza.

Human Rights Watch ha denunciado en un comunicado que los talibanes están reprimiendo a los periodistas, con algunos casos de detenciones y palizas. Por ello, ha solicitado a la comunidad internacional que les presione para que garanticen los derechos de libertad de expresión e información y de reunión pacífica.

De regreso a la oficina, los dos jóvenes afganos, altos, delgados y con una espesa cabellera negra gimen de dolor y acceden a quitarse la ropa. Primero las camisas, empapadas de sudor, después los pantalones. Los presentes en la sala de redacción no pueden contener una exclamación de horror.

Una representación de las más de 3.500 firmas que entregaron las firmas al ministerio.

Sus cuerpos, golpeados, están cubiertos de hematomas tan grandes que cubren toda la parte baja de la espalda, en uno de ellos, el hombro completo en otro, y los muslos, en ambos casos.

Los reporteros trabajan en Etilaat Roz («El día de la información»), uno de los principales diarios afganos. Taqi Daryabi, fotógrafo de 22 años, y Nematullah Naqdi, camarógrafo de 28 años, acudieron el miércoles por la mañana a cubrir una manifestación ante una comisaría de Kabul.

Los talibanes se echaron encima de Nematullah en cuanto comenzó a grabar. «Me dijeron que estaba totalmente prohibido filmar. Detenían a todos los que grababan, tomaban los teléfonos», narra a la AFP.

Una manifestación por los derechos de las mujeres
La manifestación acababa de comenzar. Solo algunas decenas de mujeres estaban presentes para defender su derecho a trabajar y estudiar, una de las reivindicaciones principales de las protestas antitalibanes que se celebraron en los últimos días en varias ciudades del país.

Los talibanes intentaron arrebatar la cámara de Nematullah, él logró escapar y dársela discretamente a una manifestante. Pero los talibanes lo persiguieron y lo llevaron a la fuerza a la comisaría. Dentro, «los talibanes comenzaron a insultarme, a golpearme, darme patadas», recuerda.

Después lo metieron en una habitación vacía y se cebaron con él. «Eran cuatro o cinco», cuenta. «Me ataron las manos a la espalda, me tumbaron en el suelo y me golpearon con palos, cables y tubos. Con todo lo que podían encontrar», describe. «Gritaba, no paraba de decir que era periodista, pero no les importaba. Les daba igual. Me dieron patadas en la cabeza, me destrozaron la espalda… Duró unos 10 o 15 minutos. Creí que me mataban», recuerda.

Los talibanes intentaron arrebatar la cámara de Nematullah, él logró escapar y dársela discretamente a una manifestante. Pero los talibanes lo persiguieron y lo llevaron a la fuerza a la comisaría. Dentro, «los talibanes comenzaron a insultarme, a golpearme, darme patadas», recuerda.

Un infierno para las mujeres afganas
No es la primera vez que las mujeres afganas salen a la calle para protestar por el gran retroceso en sus derechos que supone la entrada de los talibanes al poder. Comenzaron a desafiar a los talibanes ante el temor de que vuelvan a imponerse las restricciones vigentes durante su anterior régimen, con protestas públicas para exigir a los insurgentes ser incluidas en el Gobierno que está por formarse y su derecho a seguir estudiando y trabajando.

Con la llegada del régimen talibanes, también se han establecido multitud de nuevas prohibiciones y restricciones que atentan contra los derechos humanos, especialmente para las mujeres. Una de ellas es el uso obligatorio del burka, una tela que cubre el rostro y el cuerpo de las mujeres de la cabeza hasta los pies.

Hay que recordar que durante el anterior régimen talibanes, entre los años 1996 y 2001, las mujeres no podían ni ir a la escuela, ni trabajar, además de ser recluidas en el interior de sus hogares.

Todo aquel que quiera apoyar a todas estas mujeres que están viendo violados sus derechos, puede hacerlo de diferentes formas. Entre ellas está la etiqueta #YoAcojo, piden voluntarios que ofrezcan sus domicilios como lugar de acogida para estas refugiadas. Además, se puede donar para, por ejemplo, financiar crear becas de estudio para jóvenes afganas que estén fuera. Los ciudadanos también pueden apoyar un medio de comunicación local de mujeres para que sigan informando sobre todo lo que está ocurriendo.

 

Fuente:Público

Safor Press

Periódico Digital plural, libre. Defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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