No se prodigan este tipo de cosas en la sociedad actual, por lo cual merecen mayor atención y aplauso si cabe. Sucedió el pasado domingo en la la barriada de la Malvarrosa, en València, y tuvo como protagonistas al afamado y gran músico acordeonista, lituano, Martynas Levicki, de gira por España para dar a conocer su arte musical, su alto virtuosismo con el acordeón y la música culta, que si bien en otros países es apreciado, aquí apenas lo conocen los más apasionados de ese tipo de música.
Y tras el concierto, organizado por el Consulado General de Lituania en la Comunitat Valenciana, se le acercó un joven valenciano, Guillermo Peris, que tiene síndrome de Down, no a pedirle una foto y un autógrafo, sino a decirle que desea usar su mejor música para sus próximas actuaciones como bailarín clásico, pues este joven es conocido profesionalmente como Eros Recio (amor fuerte) y admira al artista báltico.
La emoción embargó al músico y a las personas que estaban con ellos en ese momento, cuando Martynas no dudó en decirle que sí, que con mucho gusto accedía a su petición y le dio las gracias.
Se trata sin duda de una pequeña anécdota, un bello gesto, un relato lindo, que yo modestamente no deseaba hoy dejar de reflejar en esta publicación.
César Jara, periodista.

