Pablo Motos entre mujeres

NOVIEMBRE 28, 2022

Esta misma semana, en el programa de Movistar La Resistencia, David Broncano traía de invitada a la gran directora de orquesta mexicana Alondra de la Parra. Como es costumbre en las entrevistas televisivas de las últimas décadas, Broncano desperdició una excelente oportunidad de profundizar no sólo en la personalidad de la artista sino en la médula misma de la dirección orquestal, un oficio misterioso que roza la taumaturgia. Podía haber indagado en el tabú centenario que hasta hace muy poco impedía a las mujeres alcanzar el podio; en la significación ritual de la batuta, si sirve únicamente para marcar el compás o para algo más; en el modo en que se trabaja la unidad, el brillo y el empaste de una formación de centenar de músicos.

En vez de eso, Broncano dedicó buena parte de la entrevista a hacer bufonadas, otra buena parte a hablar de sí mismo y de un hermano músico y al final escenificó una pequeña pantomima en la que daba la impresión de que dirigir una orquesta consiste en menear los brazos a distintas velocidades. Otro tanto ocurrió el día en que llevó al programa a Ian Anderson, corazón y cerebro de Jethro Tull, una de las últimas leyendas vivas del rock, a quien le puso un vídeo de un crío en Canal Sur imitando a un trompetista después de darle a probar dos clases de aceite mojados en pan. Para qué iba a preguntarle por sus problemas de voz, por sus métodos de composición o por el panorama de la música contemporánea.

Probablemente ahora se considera que el público es idiota, pero cuánto se echa de menos a un Soler Serrano exprimiendo al máximo, durante una hora o dos, a una gran figura de la cultura (Borges, Onetti, Dalí, Rulfo, Espriu, Donoso, Pla), charlando sobre su vida y su obra. Hoy todo consiste en traer a un músico, un actor, un escritor y tratarlo como si fuese un niño de diez años. Eso sí, lo que no hizo en ningún momento Broncano es preguntarle a Alondra de la Parra -una mujer bastante atractiva, dicho sea de paso- si las tetas le molestan a la hora de dirigir o si algún violinista le había tirado los tejos. Menos aun intentar acariciarla, manosearla o meterle el morro.

Pablo Motos, en cambio, que lleva más de quince años haciendo ese tipo de entrevistas vacuas y circenses, también va segregando a sus invitados de una forma o de otra según su sexo, su atractivo físico y sus medidas anatómicas. A la cantante Anastasia le pidió bailar una lenta bien agarrado, apoyó la cabeza en el hombro de ella y le dio un beso en el cuello. A Shakira, la primera vez que la llevó a El Hormiguero, le dijo que se la había imaginado bañándose desnuda en el mar, comiendo carne cruda y aullando; y la segunda vez se limitó a indagar en su relación con Piqué y en sus tareas maternales. A la supermodelo Alessandra Ambrossio le preguntó cómo hacía para mantener el culo y los pechos firmes y aprovechó uno de esos juegos imbéciles típicos suyos para robarle un beso en la boca. A Mónica Naranjo le alabó el culo hasta el punto de magrearlo y besarlo ante las cámaras y soltar que si él tuviera un culo así presentaría el programa de espaldas. No lo tiene, pero la verdad es que el programa saldría ganando.

Después de un video bastante comedido del Ministerio de Igualdad denunciando comportamientos machistas, Pablo Motos se ha sentido aludido en el fragmento en que un presentador lanza el siguiente interrogante a una invitada: «¿Tú cuándo duermes usas ropa interior sexy o cómoda?». Ha denunciado que el ministerio ha gastado un millón de euros en una campaña sólo para insultarle, cuando en realidad la pregunta sobre la ropa interior no es más que un pálido reflejo de la realidad (Motos le preguntó prácticamente lo mismo a Elsa Pataky), un ejemplo mínimo de la cosificación y la sexualización repugnantes que muchas mujeres han sufrido en el programa.

A lo largo de los años, varias invitadas han comentado públicamente la vergüenza y el malestar de haber sido expuestas ante el público únicamente como hermosos pedazos de carne. Virginia Maestro, ganadora de Operación Triunfo en su edición de 2008, dijo lo mal que se había sentido cuando Motos comentó lo difícil que era mirarle a los ojos luciendo semejante escote: «Fue machista, violento, incómodo, cutre, vergonzoso y muy lamentable». Charlize Theron comentó su incomodidad cada vez que Motos le hacía una pregunta y de fondo ponían música sexy. Por desgracia, la audiencia y la longevidad del programa demuestran que la campaña del Ministerio de Igualdad es más necesaria y urgente que nunca. En el diario digital Nius, una reciente entrevista a la astronauta Sara García está encabezada por el siguiente titular: «Me gusta todo, desde cocinar y hacer crochet hasta diseñar mi ropa y mis muebles». Si alguien no ve la estructura patriarcal ahí, pegada a cada una de las palabras, es que está ciego. En cuanto a Pablo Motos, podía haber recogido velas, admitir que se ha equivocado y pedir disculpas. A menos que, en la siguiente entrevista a Abascal, también le bese el culo, de verdad, no sólo en plan metáfora.

 

Opinión: David Torres de Público

Safor Press

Periódico Digital plural, libre. Defensor de los derechos humanos y fundamentales. Director: Ricardo Sánchez

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